Un gato en tu vida (¡Feliz día del gato!)

Hoy os traigo una entrada especial. En ella no vamos a tratar ningún tema de escritura o de ilustración, sino que va directa al espacio personal.
Como muchos sabréis, hoy es el día del gato y qué mejor que hablar de mi experiencia gatuna en estos casi cinco meses que llevo conviviendo con Áureo, mi gatete.

Reconozco que, hasta hace bien poco, no sabía ni conocía nada sobre los gatos. Bueno, alguna idea preconcebida sí tenía. En mi familia, solo dos de mis tías tenían gato y con ambos había tenido experiencias contradictorias. La primera con una gata un poco arisca que, si bien he de reconocer que su comportamiento tenía unos motivos, nunca me hizo mucha gracia por lo poco cariñosa que era. El segundo, todo lo contrario. Un gato al que  hace años tuve que cuidar durante dos semanas y era simpático y muy sociable. A la gata no la he visto desde hace años y al gato sí que le he visto cada cierto tiempo, pero he de decir que no le cogía en brazos ni nada por el estilo. Esto puede ser debido a que me han enseñado desde pequeña que los gatos son peligrosos si se enfadan y que las uñas que tienen pueden hacer mucho daño. Así que yo siempre les he observado desde la distancia. Incluso a los gatos de mi amiga, que son dos soles, siempre les he tratado con respeto. Les he acercado la mano y, si ellos se frotaban, les acariciaba la cabeza y listo.

A pesar de que nunca antes me había cuestionado tener un gato porque, ya tenía a mi perra y era muy feliz con ella, internet hace verdaderos estragos en la mente de las personas (sobre todo en sus deseos). Desde siempre he sido amante de los animales y, lógicamente, por este motivo sigo a muchas páginas donde publican curiosidades, fotos y un largo etcétera sobre ellos. Así pues, todos los días en el muro de mis redes sociales me aparecían gatos. Gatos jugando, gatos saltando, gatos tiernos, gatos preciosos con pelajes alucinantes y poco a poco me fui interesando por ellos. Al final, no me parecía tan mala idea tener uno, después de todo, y vivir la experiencia de convivir con él más allá de dos semanas. A mi hermana le ocurrió lo mismo, pero ella es mucho más impulsiva que yo, así que se lanzó a la búsqueda de un gatito. Cuando una de mis tías nos enseñó que habían encontrado una gatita fue aliciente suficiente para que mi hermana se decidiera por completo y bueno, el resto de la historia, ya la conocéis porque, he hablado de ello en otro post.

Desde el momento en el que mi amigo nos trajo a Áureo en su cunita, supe que nuestra vida iba a cambiar. Acostumbrada a la bonachona de mi perra, a la que entiendo perfectamente y sé lo que quiere en cada momento, el gato se revelaba ante mí como un misterio. Las primeras semanas las pasó encerrado en mi habitación por la perra, pero poco a poco su adaptación se fue dando hasta que han logrado convivir prácticamente sin roces hoy en día. Áureo, que está a punto de cumplir siete meses, tiene una personalidad especial, como cualquier gato y me ha hecho comprender que lo que necesitan estos animales es espacio y confianza. Es un pequeño terremoto capaz de poner la casa patas arriba, pero tiene un comportamiento sociable y cariñoso (aunque a su manera). No le gusta ponerse en el regazo de nadie, pero siempre le tendrás cerca. Ya sea tumbado en el escritorio a tu lado, en el respaldo del sillón sobre tu cabeza o en la cama, siempre estará ahí. Le gustan las personas y cuando han venido visitas no se ha escondido ni ha mostrado signos de estrés. Es más, le encanta pasearse y ver lo que ocurre a su alrededor.
Con la perra se lleva de maravilla. Paso a paso, cada vez duermen más juntos. Se provocan para jugar y se respetan. Ella, que ya tiene nueve años, podría parecer que ya no tiene ganas de muchos trotes, pero Áureo la ha rejuvenecido.

En cuanto a nosotros, mi madre no quería gatos por temor a la perra, aunque le hacían gracia. Hoy en día, se lo pasa pipa con él. A mi padre no le gustaban los gatos. No había tenido buenas experiencias y, en definitiva, no quería uno en casa. Se enfadó mucho cuando trajimos a Áureo, pero se le pasó en seguida. Hoy en día, le pasa como a mi madre. Se ríe mucho con él cuando le da el venazo loco y se pone a correr por toda la casa como si no hubiera un mañana o cuando juega con la pelota. Además, tanto él como nosotras estamos sorprendidos de su comportamiento. Es cierto que jugamos con él para que no se aburra y que, con la perra, no se atreve a hacer muchas cosas, pero no sube por las cortinas, ni araña los muebles. Sé que hay otros gatos que lo hacen, pero este nos ha demostrado que son animales muy inteligentes que aprenden observándonos.

Al final, solo puedo resumir mi experiencia como muy gratificante. Áureo ha dado luz a todos con su personalidad y sus ojos cobrizos. He de agradecer la insistencia de mi amiga Ana para que nos animáramos a tener un gato y a Fran, sobre todo, por traerlo. Recomendaría a todo el mundo adoptar a un gato. Ellos saben hacerse querer y nos quitan los agobios del día a día con su presencia. Al contrario de lo que pueda parecer, ha sido una terapia maravillosa para mi perra, para que se entretenga y vuelva a ser «joven».
Además, uno de los grandes errores que cometí con mi perra (y que reconozco) es el creer a la «sabiduría popular» que afirmaba que los perros podían comer de todo, por lo que no me preocupé en exceso por el tipo de pienso que comía. Por el contrario, como de gatos no sabía nada, empecé a indagar por foros y a informarme. Descubrí datos muy valiosos sobre piensos y diferentes calidades en la comida que le damos a nuestras mascotas. Así que no solo opté por procurarle una buena alimentación al gato, sino que también comencé a hacerlo con la perra. Hemos tenido algún que otro episodio de gastroenteritis hasta que se ha acostumbrado al nuevo pienso y a las nueva comida húmeda, pero ahora, está perfecta e incluso ha adelgazado (que falta le hacía).
Áureo no solo ha revolucionado la casa, también nuestro conocimiento y forma de pensar y actuar.

Si estás leyendo esto y aun no tenías muy claro si adoptar uno o no hacerlo, te animo encarecidamente a que lo hagas.
A aquellos que ya tengáis uno os deseo un muy feliz día del gato y que disfrutéis durante mucho tiempo de estos misteriosos, curiosos y adorables compañeros. Cada vez somos más en el club gatuno y este precioso animalito ya no se ve como un callejero, sino como un compañero de vida.

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¿Escritor? ¿Qué es eso?

Nos encontramos, en la actualidad, en un siglo en el que la información se encuentra al alcance de todos con un solo click. Internet y las redes sociales también han permitido que nos podamos comunicar rápidamente y nos posibilita el compartir nuestras creaciones, trabajo e ideas con los demás. Esto, a su vez, promueve el intercambio de opiniones y en muchos casos el debate.
En el ámbito literario no es una excepción y, gracias a estas nuevas tecnologías, se dan a conocer cada día nuevos escritores. La duda nos asalta a la hora de definir qué se considera o qué es, realmente, un escritor. Mientras muchos defienden que un escritor es aquella persona versada en letras que se gana la vida gracias a ellas, otros apuestan porque un escritor es aquel que escribe independientemente de cómo lo haga. El eterno debate reaparece una y otra vez, llegando a ocasionar conflictos y discusiones. Pero, ¿qué es realmente un escritor?

Un escritor no es otro que aquel que escribe. El sufijo -or, al igual que -ora, -ero, -era e -ista, significa «oficio» o «persona que se encarga de» y añade este significado a las palabras a las que se une. Así, igual que un inspector se encarga de inspeccionar, una instructora de instruir y un pintor de pintar, un escritor se dedica a escribir. No obstante, ¿esto significa que todo el mundo puede ser un escritor? Sí y no.
Siempre hay que diferenciar lo que es un escritor al uso de un escritor profesional. Este punto es, a su vez, el que más controversia genera, puesto que aquellos que se ganan la vida como escritores profesionales no suelen ver con buenos ojos a los que intentan adentrarse en el mundo de la escritura profesional. Cualquiera está capacitado para escribir, es decir, todos tenemos la habilidad de plasmar nuestros pensamientos en letras. Sin embargo, la escritura es un arte y, como tal, requiere de práctica, compromiso y trabajo. Una persona puede convertirse en un escritor aunque no sea un gran conocedor de la lengua, pero el intentar exponer las ideas o los sentimientos sobre un papel o en un documento electrónico nos obligará, de manera indiscutible, a buscar diversas formas de expresión. Por lo tanto, un escritor se está formando continuamente. Aprende nuevas técnicas, nuevo vocabulario y experimenta hasta encontrar el género con el que se sienta más a gusto.
Ahora bien, ser un escritor no es sinónimo de ser «un buen escritor» y esto, a su vez, no tiene por qué coincidir con el escritor profesional.

Un buen escritor se caracteriza, fundamentalmente, en el dominio de la lengua y sus recursos a la hora de escribir, en la originalidad de sus ideas y en la gran capacidad de transmitir por completo el mensaje al lector. Ya sabemos que entre ambos, emisor y receptor o escritor y lector, debe construirse una relación tan íntima que permita a este último sentirse identificado y fundirse con aquello que está leyendo. Debido a esto, aunque existen infinidad de escritores, no todos son bien valorados, puesto que sus relatos o novelas no son comprendidos o no atrapan a los potenciales lectores. Esto puede deberse a una gran cantidad de posibles obstáculos como, por ejemplo, una mala redacción, un tema muy repetitivo, una estructuración inadecuada, exceso de narración o de descripción, sintaxis compleja, contenido muy denso, etc.

Los escritores profesionales son aquellos que han convertido la escritura en su oficio y, gracias a esta, se ganan la vida. En la actualidad, es muy complicado convertirse en uno de ellos, pero no es imposible. El requisito fundamental para abrir el camino es que te den una oportunidad y lean lo que escribes. Si eres un buen escritor, probablemente, lo detectaran. No obstante, también es necesario que señalemos que, en algunos casos, un buen padrino es el encargado de lanzar a escritores que, tal vez, no tengan tanto dominio de la lengua ni sean tan originales, pero les han sabido vender bien su producto. Para la gran mayoría el camino se hace complicado, pero no por eso se debe dejar de escribir si a uno le llena.

Para finalizar, quiero resaltar algo que creo muy necesario y es el concepto de humildad. Debemos ser humildes para leer, para escribir y, en definitiva, para aprender. Alguien que cree que lo sabe todo y que está por encima del resto no es un buen escritor porque, rechaza el aprendizaje que debe imperar día a día y se preocupa más de lo que otros escriben que de sus propias creaciones. Un buen escritor vive ilusionado con sus obras y un escritor profesional no necesita desangrar a otros porque, ya tiene su público.
Además, ser un escritor no implica la obligación de escribir para alguien más. Con el simple hecho de escribir para uno mismo sirve. Recordemos que la escritura es puramente humana y es algo que llevamos con nosotros, la pongamos en práctica o no.

Si eres un escritor, disfruta de lo que haces y no te obsesiones con el éxito, pues es el camino más rápido hacia la amargura. ¡Claro que puedes opinar y debatir con otros! Ayudar y realizar críticas constructivas siempre es positivo, así como recibirlas y aprender de ellas. No obstante, mi consejo es que no pierdas el tiempo criticando a otros porque, puede que vendas algún libro o tu entorno te diga que escribes muy bien. Seguramente, mientras lo haces, los demás estarán mejorando día a día y te superarán sin que te des cuenta de ello.

Ahora que ya hemos hablado un poco sobre este tema tan controvertido con el que podríamos llenar páginas, ¿qué piensas tú? ¿también eres escritor? ¡Mucho éxito en el camino que construyan tus letras!

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La terapia de escribir

Todo aquel que necesita liberarse debería, aunque sea al menos una vez, escribir. En la actualidad existen muchas terapias para ayudar a las personas a sentirse mejor, pero sin duda, la más efectiva y además gratuita es la escritura.

Escribir no solo supone un modo de liberación sino que también se convierte  en una inyección de autoestima.
No hace falta ser un escritor para poder escribir lo que se siente. Se trata más bien de dejarse llevar por el propio acto de la escritura para conseguir expresar todo lo que llevamos dentro. Narrar lo que nos ocurre, nos preocupa, nos intriga y, en definitiva, nos mueve supone sacar al exterior todas estas inquietudes y nos ayuda a responderlas. No por nada, escribir es contar y no necesitamos un público extenso para poder sentirnos mejor. Primero, tienes que encontrar al lector ideal de tus historias y pensamientos y ese no deja de ser otro que tú mismo.

En el momento en el que se escribe para uno mismo, dejan de importar las reglas. La ortografía y la caligrafía pasan a ser secundarias hasta el momento en el que quieras dar luz a tus escritos y eso, por supuesto, si así lo deseas. Coger lápiz y papel o un ordenador y empezar a teclear no significa que todo el mundo vaya a leerte y tampoco lo pretendas. Si quieres ayudarte y utilizar la escritura como una terapia de relajación, experimentación y crecimiento personal, la primera persona en la que debes pensar es en ti. Una vez que has conseguido quitarte los miedos, arrancar las preocupaciones y afrontar todos aquellos retos que se te pusieron por delante y comenzaron a detenerte, podrás llegar al corazón del resto.

Existen infinidad de personas que creen o piensan que si escriben sobre sus problemas y los airean en público recibirán un reconocimiento elevado y su situación cambiará. Craso error. Los escritos que se realizan bajo estas premisas se perciben muy rápido, ya que, en seguida, los veremos forzados y poco verdaderos. Son conocidos los autores que, por ejemplo, comenzaron a escribir con un fin humilde y no pensando en las masas (al fin y al cabo, este no es el objetivo si quieres usar la escritura como una herramienta para tu bienestar). Tolkien, el autor del Señor de los Anillos y de El Hobbit, escribió esta última obra con una finalidad: utilizar el relato para dormir a sus hijos. ¿Quién le iba a decir que sus obras se verían en la gran pantalla?

En fin, recuperando el tema que nos ocupa, haz un buen uso de la escritura. Ayúdate de las herramientas de las que ahora casi todo el mundo dispone y no te avergüences. Desempolva ese viejo cuaderno y úsalo de diario o crea una carpeta en tu pc en donde organices tus escritos. Anímate a escribir en foros, sobre temas que te gusten, no  importa.  Poco a poco notarás cómo mejora tu día a día.
Los psicólogos aplican estas técnicas de escritura para ayudar a sus pacientes. Recuerda que la primera norma es escribir para ti sin buscar un reconocimiento. El simple hecho de sentarte y contar en papel o pantalla lo que te ocurre saca de tu interior todo aquello que necesita salir o que tú necesitas quitarte.

Dale una oportunidad a las letras y ellas te mostrarán los caminos ocultos de tu mente para elegir el que más te conviene de tu realidad.

¡Ahora sí! Ya podéis tener Armais, el mago en formato libro

Tal y como os dije en la entrada anterior, os informo de que en Amazon ya aparece el precio para Armais, el mago en formato libro, por lo que podéis adquirirlo de manera física para tenerlo con vuestros demás libros.

Os dejo el enlace en la imagen y la  vista previa por si queréis echarle un vistazo. ¡Un abrazo a todos!

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Armais, el mago (Disponible en Amazon)

Armais, el mago ¡novela juvenil a la venta!

¡Hola a todos! Ha pasado un tiempo desde que nos vimos por última vez, pero como podréis comprobar, no he estado con los brazos cruzados. Os traigo, por fin, mi novela Armais, el mago.

Se trata de una novelita juvenil de temática fantástica y que quedó entre los 6 finalistas del premio Lazarillo 2016 en su modalidad de creación literaria. A este concurso se presentaron, según el acta de reunión del jurado, 161 obras, de las cuales 86 fueron en narrativa, 56 en poesía y 19 en teatro. A su vez, 143 estaban escritas en castellano, 10 en gallego, 6 en catalán y 2 en euskera. Está adaptada para que pueda ser leída tanto por los más peques de la casa, como por los mayores. Así que, ya sabéis, si os gusta la literatura fantástica y queréis pasar un buen rato o tenéis niños, sobrinos, primos o conocidos con hijos y queréis hacerles un regalo original y educativo, podéis adquirirla, por el momento, en formato digital en Amazón (click en la portada):

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Cuando se encuentre en formato libro para el mercado español, no dudéis de que lo comunicaré también por aquí. Sin embargo, si eres de América o te apetece comprar el libro en amazon.com, pincha aquí y podras obtenerlo.

(Y… ¡Tachán, tachán! ¡Pincha aquí y tendrás una vista previa en la que podrás leer un poco y ver cómo es!)

Y con esto, queridos lectores y aficionados a la literatura y la ilustración, me despido. No sin antes recordaros que estaré por aquí con nuevos consejos de creación literaria, diseño de ilustraciones y alguna que otra novelita más.

¡Muchas gracias por vuestro apoyo y feliz lectura!

¡Ya disponibles! ¡Calendarios «Gatos» y «Perros»2017!

Tal y como ya comenté en el anterior post navideño, antes de acabar el año, regresaría con algo que puede que a los amantes de los perros y gatos les guste. Se trata nada más y nada menos de unos calendarios con ilustraciones de distintas razas de ambos animales en formato digital para que podáis imprimirlo dónde y cuando queráis.

En la siguiente página obtendréis toda la información sobre qué hacer si queréis uno de estos calendarios.

 

 

¡Espero que comencéis el año con buen pie y que en el próximo podáis cumplir todo aquello  que os propongáis! ¡Muy feliz año nuevo!

¡Feliz Navidad! 

Después de unos meses impredecibles en los que por falta de ilusión, principalmente, y de momentos infinitos de reflexión, a mediados de Diciembre regresó la chispa, como si de una llama pequeña y anunciadora, trajera con la Navidad nuevas esperanzas y refuerzo de energías. 

Así, poco a poco he ido retomando mi actividad, aunque estoy haciendo esperar un poco a la del blog para traer contenido de calidad para todos. Espero y creo que,  antes de fin de año, poder colocar un proyecto especial que espero que a todos los que amamos a los perros y los gatos les guste. 

¡Muy feliz Navidad a todos y que la llama de la ilusión os llegue al igual que esta pequeña elfa creada para hoy! 

¿Escribir fantasía o realidad?

La duda sobre si ser un escritor de literatura fantástica o realista nos ha surgido alguna vez a todos. En teoría, cada uno de nosotros debería conocerse lo suficiente para saber con exactitud cuál es la temática que le llena y cuál no y digo «llenar» porque, que te guste no es suficiente.
A una persona pueden gustarle los niños, pero tal vez el trabajo de profesor no le haga sentirse realizado y de ser así, jamás llegará a estar a gusto con lo que hace.
Con la escritura ocurre lo mismo.

Tal vez te guste mucho la ficción de terror y, sin embargo, cuando intentas escribir algo con esta temática, te das cuenta de que te cuesta mucho plasmar las ideas o recrear las escenas. Seguramente, consigas terminar alguna obra o escrito con esta temática, pero el resultado estará lejos de ser bueno.
No obstante, supón que eres una persona observadora a la que no se le escapa un detalle. Te gusta ver el comportamiento de la gente o te interesan los temas sociales  y al intentar escribir sobre ello, aprecias que las palabras salen fluidas y que no te supone ningún esfuerzo narrar lo que deseas contar. Al final, el resultado de lo que escribas te satisfacerá, ya que no solo te gusta la temática que has usado, sino que, además no te ha supuesto un gran esfuerzo hacerlo.

La realidad y la fantasía son dos nundos bien diferenciados, pero que, sin embargo, comparten muchos puntos en común.
Ambos temas necesitan un conocimiento sobre todos aquellos elementos que vayan a aparecer en las obras que gobiernan. No importa si tu historia tiene como protagonistas unas hadas o unas damas de la alta sociedad del SXVII, debes estructurar a la perfección el contexto para que sea verosímil (y recuerda que verosímil no es sinónimo de realista).

Asimismo, debes tener en cuenta que la aplicación de elementos fantásticos, colocan tu obra bajo la temática fantástica. No vale tratar el tema del acoso escolar y que todos los elementos sean realistas, que aparezca un ser protector o alguna cuestión sobrenatural y pretender catalogar nuestra obra bajo temática real.
En una ficción sin elementos fantásticos, las acciones y los personajes se desarrollan en un ambiente sin magia, ni fuerzas sobrenaturales. El devenir de la historia sucede por las decisiones del personaje y todo el contexto que le rodea. Algunos ejemplos de este tipo de obras son las policíacas, las de investigación, novela negra, novela social, novela histórica…

Las obras fantásticas incluyen todos aquellos elementos sobrenaturales que no hemos podido utilizar en las anteriores, incluyendo mundos creados por el autor con sus respectivos habitantes.  Es por esto por lo que el trabajo del escritor se multiplica, ya que el mundo que va a crear no es conocido y tiene que poner especial cuidado en escribir sobre aquel que va a ser dado a conocer de tal manera que al lector le parezca real. De la misma forma, si la historia se encuentra ambientada en la sociedad actual, han de tejerse las teorías, los motivos y los razones por los cuales estos elementos sobrenaturales aparecen y,  valga la redundancia, de esa manera, hacerlos parecer naturales.

Como verás, cada tema tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Al final, todo se resume en elegir aquel con el que te sientas más libre y a gusto a la hora de escribir. En la actualidad, si se trata de premios literarios, podemos observar que la literatura fantástica no está en su mejor momento. No obstante, un escritor no debería aspirar a hacerse millonario con sus obras, ya que el tinte comercial que las impregnará será rápidamente detectado y el producto final, carecerá de calidad, puesto que se deja atrás el cuidado y el gusto por escribir que todo buen escritor debería tener.

Mi recomendación es que escribas conforme a tu personalidad, gustos y posibilidades. El éxito, al fin y al cabo, se encuentra en el cariño y la dedicación que pongamos en aquello que hagamos y esto es independiente de la fantasía o la realidad.

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Gato negro 

Los humanos son seres incomprensibles. Se autodenominan como  la criatura más inteligente que puebla esta tierra pero,  si les observas detenidamente, pronto te das cuenta de que son contradictorios y extraños. Sé lo que digo,  pues años de observación desde las calles son los que han formado esta opinión en mi.

Nací en un jardincillo rodeado de edificios. Mi madre tuvo que pensar que sería el sitio más seguro, pero nada más lejos de la realidad o, bueno, tal vez sí para algunos de mis hermanos. El caso es que nací en otoño y, claro, los cambios de temperatura y de clima cumplieron con su particular trabajo de selección natural. Así, de ocho hermanos sobrevivimos cinco y fue a la edad de un mes cuando vi y conocí por primera vez a los humanos. Unas criaturas feas y deformes que caminan sobre sus patas traseras y cuyas delanteras usan, principalmente,  para sujetar y agarrar objetos y otros fines más dañinos.
La curiosidad es algo innato en nosotros, así que, cuando aparecían, sentíamos la necesidad de acercarnos para saber quiénes eran. Nuestra madre, por extraño que nos pareciera, nos alejaba todo lo posible de ellos. Los consideraba peligrosos y no permitía que ninguno de nosotros se acercara demasiado.
De esta manera, desde la verja que separaba el jardincillo del resto de la calle, ellos nos observaban. Venían a vernos tanto ejemplares adultos, como ejemplares cachorros (los cuales son sumamente ruidosos y, en mi opinión, los más peligrosos) y, como seres de naturaleza inquieta, algunos de mis hermanos pronto desobedecieron a nuestra madre y se saltaron la norma de no acercarse, sobre todo al ver que algunos nos lanzaban comida muy rica que nada tenía que ver con los saltamontes y lagartijas que cazábamos y la leche de nuestra madre. Por eso, cuando hacían aquello, pensábamos que qué criaturas tan agradables. Sin embargo, un día, una cachorra de esos humanos ( a las cuales ellos les llaman «niñas»), señaló a uno de mis hermanos mientras hablaba con el que debía de ser su padre. En concreto, ambos miraban muy atentos a mi hermano de color blanco con una mancha negra en la nariz y, antes de que nos diésemos cuenta, aquel humano enorme se adentró en el jardín, lanzó una manta sobre mi hermano y se lo llevó.

Esto volvió a repetirse una y otra vez con el resto de mis hermanos, hasta que solo quedamos mi madre y yo. Jamás volví a saber de ellos, aunque espero que la suerte les deparara un buen futuro en la medida de lo posible.
En definitiva, crecí solo y con mi sombra como única compañía, recorría las calles y me adentraba en los más recónditos rincones. Los humanos, cuando me los encontraba, no me miraban de manera amable como lo hicieron con mis hermanos (antes de raptarlos, por supuesto). Al contrario, me dirigían miradas despreciativas y asustadizas en algunos casos. Incluso, al pasar delante de ellos, algunos se giraban y me daban la espalda. Un comportamiento muy raro, la verdad. No fue hasta que me independicé y me alejé de mi madre cuando supe el motivo.

«Eres un gato negro y a los humanos no les gustan los gatos con ese color. Además, tienes los ojos amarillos y eso agrava tu situación. Ten mucho cuidado con ellos, pues la mayoría odian a los que son como tú. No me preguntes los motivos, ya que no los conozco, pero he sido testigo de capturas y maltratos por su parte a gatos parecidos a ti. Ten mucho cuidado y no te acerques mucho a ellos si quieres sobrevivir.»

Esas fueron las palabras de mi madre. A aquellos seres no les gustaba por el simple hecho de que el color de mi pelaje fuera negro y, además, tenía que tener cuidado porque, mi color de ojos empeoraba las cosas. Pronto, comprobé que sus palabras eran ciertas.
En un principio, intentaba mantenerme al margen de ellos y vivir lo más alejado posible. Entre otras cosas, porque además de lo dicho por mi madre, a esos humanos les gustaba compartir su vida con los perros, animales brutos, de enormes dientes y muchos tamaños. Unos auténticos sirvientes de esos humanos, pero que, cuando se quedan a solas, son capaces de perseguir y cazar a otras criaturas. En definitiva, tenía que compartir la ciudad con otro depredador como yo, solo que, en esta ocasión, él sí podía matarme (aunque yo tenga armas para defenderme).
Así fue como decidí vigilar desde las alturas y durante aquel tiempo aprendí muchas cosas. Algunos gatos, con los que me peleaba de vez en cuando por conservar mis territorios de caza, se dedicaban a maullar delante de las ventanas de los humanos. Algunos salían y les daban comida y otros les echaban de malas maneras, pero pronto se aprendían cuáles eran los hogares de los que eran «amables» y todos los días repetían el mismo procedimiento. Por esta razón, más motivos tenía para echarles de mi territorio. Ya me costaba lo mío cazar aunque fuera un insecto, para que otros que comían comida humana también quisieran apropiarse de lo poco que conseguía. Aunque, muchas veces me vi tentado a hacer lo mismo, las pocas veces que lo hice en aquella época, siempre era ignorado o expulsado de malas maneras. ¡Claro! ¿Cómo olvidarlo? Era un gato negro y a los  humanos no les gustan.
Aun así, aprendí que algunos  humanos son tan odiosos y destructivos que son capaces de ir en contra de cualquier gato, sea cual fuera su color. Algunos amigos que conocí aparecieron muertos y otros enfermaron mucho por probar comida «regalada» por los humanos y, desde entonces, toda la comida que encontraba debajo de los coches (esos objetos que usan para moverse sin tener que utilizar las patas y que son tan calentitos y peligrosos a la vez), la inspeccionaba en busca de olores poco comunes y, si el olor que emitía no lo reconocía, no la probaba y, por supuesto, ni siquiera me acercaba a la arena blanca o amarilla que dejaban por las calles.

Muchos fueron los que cayeron a manos de estos mezquinos seres. Sin embargo, otros de mi especie vivían felices y engordando dentro de sus casas. Los miraba desde la ventana y al hacerlo, sentía vergüenza y a la vez envidia. Yo debía pasar frío, humedad, calores insoportables y largas temporadas de hambre y otros vivían sin preocuparse de nada de eso. Aunque, no cambiaba mi libertad por nada del mundo.
Un día, por casualidad, vi a una humana interactuar con un gato negro, como yo. Su lenguaje corporal no parecía hostil y mi congénere se mostraba tranquilo con ella. Era la primera vez que veía aquel comportamiento con alguien de mi mismo color y entonces, me entró curiosidad por investigar los motivos por los cuáles la mayoría de ellos nos odiaban. Al ser un gato joven y al haberme mantenido alejado de ellos, no comprendía muy bien su idioma pero, conocía a otros gatos viejos que sí lo hacían y que conocían sus costumbres, por lo que decidí investigar los motivos de ese odio irracional hacia el color negro y por qué otros humanos (los menos), no se comportaban igual.

Pasé los siguientes días con mis compañeros ancianos y lo primero que me aconsejaron fue aprender el lenguaje de los humanos. Con un poco de tiempo y mucha observación lo conseguiría y aunque no entendiera lo que decían por completo, comprendería lo suficiente para saber interpretarlos y conocer sus intenciones. De esta manera, descubrí que los humanos pensaban que cruzarse con un gato como yo les traería desgracias y por eso me daban la espalda. Los ancianos me comunicaron que esto se debía a que estos seres pensaban que algunas de sus congéneres con habilidades sobrenaturales, a las que llamaban brujas y tenían terror, podían convertirse en uno de nosotros. La cuestión de los ojos amarillos la averigüé más tarde, por desgracia, ya que un grupo de humanos jóvenes me persiguieron para intentar capturarme para ritos extraños para protegerse de un ente al que denominaban «demonio» y parece que lo que querían era poco menos que destriparme porque pensaban que esa criatura era yo. Según supe más tarde, algunos humanos piensan que los gatos negros con ojos amarillos son representación de ese tal demonio y como es algo negativo para ellos, los más me quieren muerto y los menos me idolatran. ¡Qué locos estos humanos!

Con el paso de los años aprendí a protegerme de todo esto, tanto de humanos, como de los perros y otros peligros de la calle. De lo que no pude protegerme fue de la enfermedad y en una ocasión caí muy enfermo. Tenía una tos terrible, un gran dolor en el pecho y ni ganas me daban de comer o moverme. Entonces, un humano de esos que llevan dos ventanas en sus ojos, se apiadió de mi. Desde hacía un tiempo hasta ese momento, había notado que el miedo a los gatos negros se estaba disipando, aunque algunos seguían dándome la espalda o escandalizándose cuando me veían y otros pocos me querían para esas fiestas a las que llaman Halloween.
Aquel humano llegó una mañana con una manta y me cogió en sus brazos. Una sensación rara, desconcertante, pero no desagradable y como no tenía fuerzas para resistirme, tampoco hice el intento. Después de eso, me llevó a un sitio horrible, lleno de luces blanquísimas y otro humano empezó a tocarme por todos lados para comenzar a pincharme. Ahí, sí reaccioné y le di dos buenos arañazos, para que aprendiera a guardar las distancias, pero el me tomo de la cabeza y me hizo tragar un líquido asqueroso y vomitivo. Tan malo estaba aquello, que no paraba de salivar intentando que aquel sabor se fuera rápido de la boca. Luego, me metieron en una especie de jaula, muy cómoda pero, atosigante y escuché a los humanos hablar. Lo hacían animadamente, contentos y como tenía muchísimo sueño, caí rendido.

Desperté en la casa del humano y a partir de ese momento, comenzó mi dulce tortura. Todos los días, el humano (que se llamaba Ángel), me obligaba a tragar el líquido asqueroso, pero a cambio, me dejaba ir de un lado a otro de la casa, comer una comida seca muy rara y otra blandita, buenísima. No sabía que eran, pero mi estómago se sentía contento y deje de pasar hambre. La tos y el dolor se pasó y poco a poco me fui acostumbrando al humano, aunque yo, como buen gato, necesito vigilar mis territorios, así que un día, en un descuido, me marché y cuando tengo hambre y sueño regreso al que ahora es mi hogar.
Al humano no le importa y a mi me importa menos que le importe, tenemos una buena relación, después de todo. Sé que hay otros gatos que no necesitan salir de sus hogares humanos y bueno, para gustos los colores. Yo nací y me crié libre y a mis casi cuatro años, nadie me va a convencer de quedarme eternamente en un sitio. He aprendido a convivir con mi entorno siendo un gato negro y lo llevo bien, aunque… Ando preocupado. Mis amigos cuentan que a muchos gatos en mi situación, les ocurre algo muy extraño. Hacen una visita al veterinario (ese humano desgraciado que no tiene respeto alguno y solo te da porquería para tomar y te pincha), se quedan dormidos y cuando despiertan en su casa, al poco tiempo ya no desean salir, ni buscar aventuras, ni gatas, ni nada. Solo vivir la vida tranquilamente.

He aprendido muchas cosas a lo largo de mi vida, aunque esta se me escapa. Espero que nunca me ocurra pero, por si acaso, dejo constancia de lo que ha sido mi vida hasta ahora desde mi jaula de transporte. Desgraciadamente, voy dirección al veterinario. Me conozco el olor del camino de sobra… Si me quedo dormido y despierto siendo otro, al menos, espero que mi experiencia sirva a otros gatos. Mi caso demuestra que se puede ser feliz con los humanos, aunque nunca hay que olvidar tener mucho cuidado con ellos, sobre todo si eres un gato negro.

«Gato negro» por Saclae

Encontrar la inspiración para crear 

A veces, la musa de la inspiración se hace tanto de rogar que no son pocas las ocasiones en las  que hemos creído perderla. Determinar cómo empezar un texto puede convertirse en una auténtica pesadilla si no tenemos claro sobre qué queremos escribir o cuando  debemos hacerlo por obligación, ya sea para el trabajo o para la escuela.
Sea cual fuere nuestra situación, nunca está de más conocer algunas técnicas  y consejos para conseguir «llamar» a la tal ansiada inspiración.
A continuación te dejaré los que a mi me ayudan en este objetivo que a veces se presenta tan cuesta arriba.  

  • En primer lugar, busca un lugar tranquilo donde poder escribir cómodamente,  sin tener distracciones que te impidan concentrarte en lo que estás haciendo. 
  • El silencio no es obligatorio. Si eres de ese tipo de personas a las que el silencio pone nerviosas o les irrita, no te preocupes. Existe mucha gente a la que le ocurre esto y para la cual, el  silencio no es sinónimo de concentración. Un buen truco es poner la tele con el volumen bajito, la radio o música. Incluso, es buena idea situarte en un lugar donde escuches el ambiente, como puede ser cerca de una ventana. 
  • La música constituye un gran instrumento inspiracional. Depende de aquello que escribas, una buena música de fondo puede ayudarte a desarrollar las ideas con más facilidad. Igual sucede cuando tienes que ponerte a escribir y no sabes cómo empezar. Por ejemplo: si quisieras comenzar un libro de aventuras, ¿por qué no pruebas a escuchar un poco de música épica antes? 
  • Lee otros blog y ve vídeos de youtube de gente a la que le gusta lo que hace. Busca referencias sobre bloggers, youtubers, etc, a los que les apasione escribir, hablar o enseñar aquello sobre lo que saben o sus preferencias. No importa si la temática no tiene nada que ver con aquello sobre lo que vas a escribir. Ya sea de cocina, manualidades, maquillaje, videojuegos…  El simple hecho de ver cómo alguien pone su tiempo y dedicación con algo, suele ser suficiente para servir de motivación al resto. 
  • Infórmate sobre aquello de lo que escribirás. Hazte con una libreta y apunta todas las ideas que lleguen a tu mente. Incluso lleva tu libreta contigo y detente para  describir lo que veas en tus salidas. Tal vez, más tarde, eso te ayude a organizarte y no titubear al escribir. 
  • Date un tiempo para ti. No te fuerces ni te estreses. Relájate. Si no eres capaz de seguir escribiendo o no sabes cómo empezar y nada te ayuda, para. Vete de la habitación en la que estés y  tómate algo. A veces, (si es posible), una pequeña siesta puede ayudar. Distráete un rato y regresa cuando no sientas esa presión por escribir. 
  • Ilusionate. Mantenerse ilusionado y motivado es el pilar fundamental de todo escritor. Alguien que ha perdido la ilusión, no será capaz de escribir porque, se verá desmotivado para hacerlo. Si no consigues plasmar un par de letras hoy, no te preocupes, ya lo harás mañana. Sé positivo y verás cómo se facilita enormemente tu labor. 

Buscar la inspiración o las ganas de escribir puede resultar complicado. No obstante, existen muchas maneras de combatir la sequía de ideas y cada uno tenemos nuestros propios métodos.
Estos son los que a mí me ayudan y pongo en práctica. ¿Y tú?  

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