¡Cosas de gatos! Regresando a la actividad

Han pasado dos semanas desde mi última publicación y, aunque el blog está dedicado a la ilustración, maquetación y a las letras, me debo a vosotros, lectores y por ello, en el apartado personal (donde hablo de todo un poco), os comento los motivos por los cuales he estado ausente este tiempo.
Muchas personas creen que «las cosas nunca salen como uno las planea» y  ¡qué razón tienen! Seguro que no soy la única que se ha organizado y, de pronto, como si de un toque de atención del destino se tratara, ocurre algo inesperado en tu vida que da al traste con esos planes. En mi caso, mi actividad se ha tenido que ver pausada por la llegada de un nuevo miembro a la familia.

Poco después de haber presentado la organización del blog para Octubre, (mes en el que pensaba poner todo mi empeño, ya que la temática, como ya he comentado en otros posts, me encanta), mi hermana, que siempre había querido adoptar un gato, sentenció que era el momento y que estaba decidida a ello, por lo que me hizo contactar con un amigo que ya le había ofrecido buscarle un gatito en verano. Esto, amigos míos, es como una madeja de lana, que cuando tiras del hilo, comienza a deshacerse a una velocidad pasmosa. Así que, después de tomar la decisión, el 4 de Octubre nos encontramos con un gato en casa.

Se trata de un gatito atigrado naranja, que según el dueño tenía que tener 2 meses. A pesar de haber estado con sus hermanos en una casa, llegó un poco delgado y con mucho miedo, pero este pronto se le quitó y en seguida comenzó a comer y beber. A partir de aquí, mi hermana y yo, novatas en todo lo que a gatos se refiere, comenzamos las visitas al veterinario.
He de decir, que esto no supone una gran ocupación, además de que es algo que debe hacerse, pues ya se sabe, si quieres compartir tu vida con un animal, adquieres un compromiso y tu deber es cuidarlo. El trabajo llegó a la hora de introducir al nuevo gatete con la veterana de la casa, mi perra de ocho años, Zyra. Como supondréis, una perra que ha vivido sola durante 8 años, ya tiene bien establecidas sus normas y sus manías, así que la primera semana había que andar con mucho ojo para que no entrara a la habitación donde estaba el peque.
La segunda semana, comenzaron las presentaciones y parece que nuestro amigo gatuno no ha tenido que tener muy buenas experiencias con los animales. Esto y el carácter de la perra, hacían la situación un poco más difícil.
Sin embargo, con esfuerzo y vigilancia, cada vez se ven e interactúan más (eso sí, sin estar exentos de algún gruñido o bufido), pero bueno, deben poner sus límites y, como todo el mundo sabe, el roce hace el cariño.

Ahora, que ya nos organizamos mejor y que, dentro de los límites, no tenemos que estar tan pendientes, me es posible decir que ya puedo retomar mi actividad. Tendré que publicar en estos días lo que no he publicado en estas dos semanas pero, sé que lo conseguiré y tendremos un gran final de mes.

¡Os mando a todos un saludo y un abrazo!

Escritura creativa: ¿Qué es mejor? ¿El bien o el mal?

De acuerdo, puede que el título parezca más el de una película en vez del de una entrada sobre escritura creativa, pero créeme que tiene mucho que ver con el tema que nos compete hoy.

El «bien» y el «mal» son dos ideas abstractas que nacen y se basan en el pensamiento y en la percepción de cada uno de nosotros sobre la realidad que nos rodea. Sin entrar en cuestiones filosóficas, ni morales, dependiendo de lo que cada uno considere como bueno o malo, sus personajes o, más bien las acciones que estos lleven a cabo, terminarán  por catalogarse en una visión u otra. Así, siempre distinguiremos personajes buenos de los malos (categorías que no hay que confundir con las de protagonista o antagonista, aunque a veces coincidan), acciones buenas o malas y lo mismo ocurre con la ambientación.
La verdad es que no es correcta esta clasificación entre buenos y malos si estamos hablando de una buena obra ya que, es probable que no contenga personajes puramente buenos o malos y, si los hay, siempre estará justificado. De todos modos, como digo, es muy importante entender que depende de la percepción y del punto de vista del lector  que un personaje o sus acciones se consideren de un modo u otro.

Asimismo, hay que saber que, dependiendo del tipo de texto que estemos escribiendo, tendremos la posibilidad utilizar o no esta categorización tan básica. Por ejemplo, en un cuento o un relato, no es indispensable justificar los actos de los personajes y resulta perfectamente asumible que el propio narrador los denomine como buenos o malos. Además, recuerda lo que hablábamos en el post sobre la «ambientación de tu historia». Una de las características de los cuentos o los relatos breves es que no profundizan en los personajes y no necesita trabajarlos demasiado porque, se fundamentan principalmente en la narración.
Si estamos hablando de una novela, el asunto cambia. Las novelas se caracterizan, entre otras cosas, por presentar personajes trabajados y completos, cuya personalidad va haciéndose patente a lo largo de toda la obra, siendo susceptible a cambios y giros. Por ello, hablar de personajes buenos o malos se convierte en un error, ya que aquí entra la concepción moral de cada lector.

Dicho esto y dejando aclarado este punto, para los propósitos de esta entrada y para abordar el eterno debate del bien y del mal, esta calificación nos sirve para contestar la siguiente pregunta:

¿Tienen los personajes «malvados» más éxito que aquellos que no lo son?

Si entendemos como personaje malvado aquellos que cometen atrocidades y crímenes sin justificación, la respuesta es no. Aquí radica la importancia de la larga introducción anterior.
Un personaje «malvado» que no tiene una motivación o razón para ser así  y que a su vez no posee unos objetivos marcados, es un personaje vacío, que no provocará más que el breve rechazo en el lector. Sin embargo, y desde hace varios siglos en la literatura de muchas culturas, aquellos personajes que muestran conflictos emocionales, se da a conocer sus historias o razones y enseñan una personalidad acorde a todo lo que han vivido, gozan de la simpatía del público. ¿Por qué? Por la identificación que sufre el lector con ellos. Todos tenemos conflictos interiores y todos hemos sufrido en mayor o menor medida las consecuencias de esto. Aquellos «malvados» que cumplan estas características, encontrarán en el público lector aliados.
Es indudable, que igual que simpatías, también causarán rechazos y, en realidad, esa es la gracia. Todo buen personaje tiene que cumplir ese requisito y así también debe ocurrir con los personajes «buenos».

La respuesta a por qué actualmente se prefiere al personaje «malvado» está en el concepto del «antihéroe», personaje cuyas características difieren en su mayoría de lo «moralmente aceptable». Pero, ¡cuidado! pues un antihéroe no tiene por qué ser malvado y viceversa. Digamos que la chispa que enciende la curiosidad del lector y que puede derivar en gusto y admiración es aquella provocada cuando se unen las dos facetas, puesto que es algo que no es común ver, ni está aceptado y porque no hay nada más intrigante que saber qué es lo que pasa en la mente de un ser mezquino para actuar de esa manera.
De esta forma, podemos decir que no es «la maldad» lo que atrae a los lectores, sino la curiosidad por saber cómo funciona la mente de aquellos que se salen de la norma.

La afirmación de que gustan más los personajes con mal fondo, como verás, es incierta. Basta con que un personaje sin malas intenciones cumpla los anteriores requisitos y no le hará falta en absoluto cometer ningún crimen para que el lector pueda enamorarse de él.
Sin embargo, y a modo de consejo, te recomendaré hacer caso a lo que te he contado al principio y no basarte en que quieres personajes malos o buenos. El objetivo es diseñar personajes complejos con sus luces y sus sombras. Al fin y al cabo, el enfrentamiento entre el bien y el mal no es propio de las historias, sino del ser humano ya que es algo que se da en nosotros con frecuencia.

Si quieres que tus personajes triunfen, conviértelos en humanos y luego, a decisión personal, inclina su balanza hacia el lado de la luz o el de la oscuridad. No olvides, que el mayor enemigo de uno es él mismo. Sus buenas acciones o sus crímenes se darán dependiendo de la parte en la que se haya resuelto su conflicto interior.

Organización del blog para octubre

¡Hola a todos! Se acerca uno de mis meses favoritos, ya que llega el mercado cervantino a Alcalá y siempre he considerado a octubre como el mes de los mitos y las leyendas por la celebración de Halloween y de todos los santos. Por esta razón, la temática de los cuentos que escriba y de las ilustraciones será acorde a esta festividad de brujas, duendes y calabazas.

Durante estas semanas me he propuesto escribir los martes sobre algún tema de lengua o literatura, los jueves continuar con el cuentacuentos y los domingos abordar la escritura creativa. También tengo pensado escribir un breve artículo sobre el mercado, ya que es digno de visitar y resulta muy interesante ver cómo el centro histórico de Alcalá se transforma durante cinco días este año en una ciudad medieval.
Las ilustraciones pueden aparecer cualquier día de la semana y como llevan más tiempo que las publicaciones, ponerme una fecha sería algo complicado. Eso sí, lo que sí puedo afirmar es que tendremos varias a lo largo del mes.

¡Y ya está! No es una entrada muy larga, pero quería dejar constancia de los planes para este mes y así que no os pille por sorpresa la temática que iréis viendo por aquí. Os dejo una de las últimas ilustraciones que he realizado como despedida. Una que, además, creo que es bastante acertada para abrir todo lo que vendrá este mes. ¡Un abrazo a todos y nos leemos por aquí!

Crear un ambiente para tu relato.

Una vez que sabemos cómo diseñar nuestros personajes para nuestros relatos e historias, tenemos que trabajar el ambiente. Recordemos que una historia o relato se corresponde con una sucesión de hechos que les ocurren a unos personajes en un entorno determinado y que son contados por un narrador. De esta manera, como ya tenemos los personajes que queremos, seguramente, también hayamos pensado o tengamos una ligera idea del lugar en el que se desarrollarán sus aventuras (o desventuras).

Ambientar un relato no es tan sencillo como, en principio, pudiera parecer. Tampoco es complicado pero, requiere un poco de trabajo extra por parte del escritor. Debemos ser conscientes de que contextualizar correctamente el argumento de nuestra historia será una de las claves que nos lleven al éxito. Si recuerdas lo que hablamos en «Creación de personajes II», para que un lector se implique con un personaje, o historia en este caso, tiene que sentirla verdadera, es decir, hay que conseguir que nuestro relato sea verosímil.
La definición que nos da la RAE sobre esta palabra, esclarece un poco más el objetivo que debemos marcarnos a la hora de crear nuestra historia:

«Verosímil
1. adj.
Que tiene apariencia de verdadero.
2. adj.
Creíble por no ofrecer carácter alguno de falsedad.
«

Así pues, el contexto de un relato está compuesto por la época o tiempo en el que se desarrollan los hechos y el lugar (tiempo y espacio) y la sociedad del momento.

Existen varias maneras de crear el contexto ideal para tu historia, pero yo te daré los tres pasos más importantes: selección, información y descripción.

Lo primero y fundamental, antes de ponernos a escribir, es saber en qué época se desarrollaremos nuestro cuento, relato, novela, etc. No es lo mismo una novela de temática medieval que una con ambiente futurista. Por eso mismo, debemos tener bien claro cuándo queremos que se desarrolle nuestra historia, ya que los elementos que en ella aparezcan deben ser acordes a su época.
Indudablemente, si se trata de un relato fantástico de viajes en el tiempo o en el que haya una brecha entre dos mundos paralelos que conviven en aparente armonía (véase el caso de la saga de Harry Potter, en cuyas novelas conviven el mundo mágico con el cotidiano), se podrán integrar elementos de épocas distintas, siempre y cuando los relacionemos de manera adecuada en el argumento o su aparición tenga un sentido relevante para el mismo.
Es decir, que aparezca un coche porque sí, en un entorno grecolatino sin ninguna otra función, es incoherente, inverosímil y, (sobra decirlo pero, se han visto casos), demuestra una visión muy infantil del mundo que nos rodea. Este tipo de inclusiones son comunes en los niños cuando comienzan a aprender a expresar sus ideas, sin embargo, con la edad, vamos adquiriendo la capacidad de organizar estas ideas y de argumentarlas en un orden correcto y coherente. No sirve la excusa de estar escribiendo literatura infantil para permitirse ciertas licencias, en este aspecto. Los niños, al igual que los adultos, necesitan que el texto o aquello que se les está contando tenga coherencia para poderlo comprender y por ello, la buena literatura infantil lleva a rajatabla el desarrollo de una buena ambientación.

Entonces, una vez decidido el marco temporal, es muy, muy importante que leas o que investigues un poco sobre él y sobre la sociedad del momento. Primero, porque te vendrá bien conocer las costumbres de aquella época y eso te ayudará a ambientar y justificar las acciones y la personalidad de tu personaje. Segundo, existe vocabulario específico para describir todo aquello que forme parte de esa etapa. Aunque, la temática sea fantástica y te inventes novedosos nombres para nuevas realidades, siempre tiene que haber un hilo conductor que enlace la nueva realidad que estás creando con la ya existente. Así, los lectores percibirán tu historia como verdadera y se implicarán en ella.
Además, tendrás que informarte sobre los lugares que vas a utilizar en tu historia y por ello, te comenté que hacía falta un poco de trabajo extra por parte del escritor. Me explico: lee sobre todos aquellos sitios que creas que van a aparecer en tu relato. Un castillo, un bosque, una montaña, características de las ciudades… Parecerá una tontería pero, créeme, se nota mucho cuando un escritor no se esfuerza y escribe por escribir sin tener ni idea de cómo son los lugares que está describiendo. Lo mismo ocurre si el argumento no sale de una casa. Tendrás que conocer cómo se llaman los elementos que podemos encontrar en un domicilio para enriquecer la historia. Si no, ¿cómo esperas que tu relato no resulte infantil y poco trabajado?

Por último, después de haber seleccionado la época y los lugares y haber investigado sobre ellos y la sociedad de aquel entonces, queda la propia descripción de los mismos. Aquí hay varias posibilidades y tú y solo tú deberás decidir cuál es tu estilo y cuál es la forma que más te convence para realizarla.
Existen obras muy descriptivas y otras en las que la descripción no es tan relevante y se centran en la acción (narración). Para elegir si quieres extenderte más o menos en descripciones tienes que tener en cuenta lo siguiente:
Un relato muy descriptivo se enlentece mucho. La descripción se basa en la imagen, en lo estático, aquello que se puede ver o percibir. Por ello, cuando describimos, el relato se «detiene» para mostrar una realidad determinada. Con esto, conseguimos dar belleza al texto pero, corremos el riesgo de que el lector se aburra si nos extendemos demasiado.
Es cierto que grandes obras de nuestra literatura como La Regenta de Clarín utilizan esta técnica, en parte porque, en su época, era una de las características del movimiento realista y del naturalismo pero, al ajetreado lector de hoy en día es probable que esta fórmula de descripción excesiva no le convenza.

De todos modos, la falta de descripción empobrece mucho el texto. Por poner un ejemplo, un tipo de estos textos pueden ser los cuentos. Los cuentos, no se detienen mucho en descripciones porque buscan ser breves y concisos. La descripción siempre es necesaria  y aparecerá pero, de forma fugaz para dar luz a los aspectos más importantes. El peso, realmente, lo lleva la narración y por eso, en los cuentos, no vemos escenas detalladas ni personajes muy desarrollados. Aunque, tal y como estarás pensando, si cumplen con la coherencia de la que hemos hablado anteriormente.

Por todo esto y, dependiendo el tipo de escritor que seas (si te dedicas a los cuentos, al relato, a la novela, etc.), tendrás que decidir cuánta importancia das a la descripción en tus escritos. Particularmente, a mi me gusta equilibrar la narración y la descripción en mis textos, aunque he de reconocer que tengo debilidad por la descripción y suelo darle bastante importancia a la hora de detallar a los personajes.
Sea cual fuere tu caso y tu decisión sobre este respecto, no olvides que debes crear un contexto acorde a tu historia, aunque lo desarrolles mínimamente. Los detalles más importantes deben aparecer siempre. Selecciona el lugar y el tiempo adecuados, aprende sobre ellos y la sociedad  y trabaja la descripción de una manera que te convenza.

Estoy segura de que, si sigues los pasosy consejos que aparecen en esta entrada, no tendrás ningún problema a la hora de ambientar tus relatos.

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Ilustración: Céfiro, el alien (mitad y cuerpo completo)

No soy muy fanática del género alienígena, he de reconocerlo. Sin embargo, a la hora de ilustrar, siempre hay que explorar nuevas posibilidades, pues no sabes lo que te pedirán representar en un futuro y, basándome en un personaje alien de mi juego de Sims 3 (recordar que yo uso este juego para diseñar personajes), he realizado una nueva ilustración.

Como verás, no se trata de la ilustración de un ser monstruoso. Creo que resulta hasta tierno, en este caso. Lo más difícil llega cuando te toca elegir si colocar la ilustración de cuerpo completo o solo una parte de ella, pero como a mí me gusta mostrar todo lo que pueda, aquí os la dejo de dos maneras distintas.  ¡Saludos galácticos!


 

Redacción I. Primeros pasos: organización y estructuración de ideas.

Saber redactar bien, con coherencia y cohesión, resulta fundamental tanto para los escritores, como para los que no lo son. A lo largo de nuestra vida, nos veremos en la necesidad de expresarnos y comunicarnos mediante el discurso escrito. Ya sea por vocación o por cuestiones académicas o laborales, lo cierto es que vamos a tener que comunicarnos de esta manera y hacerlo de manera adecuada no solo nos ayudará a expresarnos mejor, sino que también dará una buena imagen de nosotros.
En la actualidad, gracias al auge de las redes sociales y la comunicación digital, escribir forma parte de nuestra vida cotidiana. Sin embargo, redactar no significa esto, no significa «saber escribir». Quien sabe escribir, es aquel que es capaz de enlazar letras para formar unas palabras que al ser leídas transmiten ideas o conceptos, pero no necesariamente mensajes. La redacción, por su parte, permite organizar y transmitir mensajes, lo que posibilita la comunicación mediante el discurso escrito.

Esta entrada se corresponde con la primera parte de una serie de publicaciones que iré subiendo al blog, cuya temática se basará en aprender a redactar y que podréis encontrar en la categoría de «El discurso».  Iremos poco a poco, como siempre, no os preocupéis. Como en todo, es muy importante disponer de una base sobre la que trabajar e ir construyendo nuestros objetivos, así que hoy os presento los primeros pasos que debemos seguir para lograr una buena redacción.

Seamos sinceros, redactar bien un texto va más allá de saber colocar cuatro puntos y cinco comas en su lugar correspondiente. Una buena redacción debe favorecer el entendimiento de quien nos está leyendo porque, de no ser así, hazte esta pregunta ¿para qué estás escribiendo ese texto? ¿cuál es tu objetivo, entonces? Si quieres que los demás te lean, debes expresarte bien. De lo contrario, no se te entenderá, aburrirás y fallarás en aquello que pretendes conseguir. Ya sea que estés escribiendo un cuento, una novela, tu biografía, que tengas un blog o porque necesites redactar un informe para el trabajo o una presentación para el instituto o la universidad, la necesidad de hacerte entender siempre esta ahí. Un lector medio, poco habituado a sintaxis muy desarrollada y construcciones largas, se aburrirá fácilmente de un libro que contenga una redacción compleja. Por supuesto, en este caso, es el propio autor el que decide a qué público quiere dirigir sus obras. No obstante, si eres el dueño de un blog, una página web o te quieres dedicar a escribir un tipo de literatura más asequible para estos lectores, tienes que enfocarte más en la sencillez. Esto también ocurre cuando tratamos con textos no literarios, como los artículos, las noticias, los trabajos de investigación, las tesis… ¡Ojo! porque, sencillez no es sinónimo de descuidado ni de poco trabajado. Nuestro objetivo principal es exponer nuestras ideas o lo que queramos decir de manera clara y organizada (después ya vendrán los adornos si estamos ante un texto literario).

Así pues, lo primero que tenemos que hacer, antes de ponernos a escribir, es organizar nuestras ideas. El proceso es parecido tanto en textos literarios como en no literarios, pero las preguntas que debes hacerte son distintas. Por una parte, si vas a escribir en un blog, vas a realizar un trabajo académico o un escrito para el mundo laboral (como puede ser una carta de presentación),pregúntate sobre qué vas a hablar, qué aspectos importantes quieres tratar, cuáles mencionarás únicamente y cuáles desarrollarás y cómo vas a organizarlos. Por otro lado, si vas a comenzar un texto literario, ya sea dramático o narrativo, piensa en el argumento principal, dónde se desarrollará, en qué época, define un poco los personajes principales y decide cómo se organizará el argumento. Apunta estos datos en un cuaderno o libreta que siempre tengas a mano y en la que puedas hacer cambios siempre que lo necesites.Una vez hecho esto, toca organizar todas esas ideas y estructurarlas.

Tanto en los textos literarios, como los no literarios, se trabaja con diferentes tipos de estructuras. En este caso, te comentaré las más importantes y generales, ya que los tipos de texto con sus diferentes estructuras los trataremos en otro apartado. Por el momento, para aprender a redactar de manera correcta, fíjate en lo siguiente:
En los textos no literarios tienes la opción de comenzar tu texto mencionando la idea general, desarrollarla después con ideas más específicas y acabar con una conclusión. A este tipo de estructura le llamamos de «triángulo invertido» o estructura deductiva, ya que organizamos la información desde lo general a la particular. Si esta estructura la realizas al revés, es decir, que primero comiences desarrollando las ideas específicas para después terminar hablando de la idea general, se denomina estructura «en triángulo» o estructura inductiva, (de lo particular a lo general). Por último, conseguirás una estructura circular o encuadrada si comienzas el texto con la idea principal, desarrollas los puntos correspondientes  y terminas regresando a esa idea al final. Sea cual sea la que elijas, no te olvides de apuntarla en forma de esquema antes de ponerte a escribir. Te ayudará a ir desarrollando el tema de manera organizada y clara.
Lo mismo ocurre con los textos literarios, salvo que en este caso, tienes que decidir cómo se va a organizar el argumento. Es decir, si seguirá el orden de principio, nudo o desarrollo y desenlace (estructura lineal) o si será de otro modo, como puede ser comenzar por el desenlace (in extrema res) o en un punto intermedio de la historia (in media res).

Una vez que tienes el tema y los datos de aquello sobre lo que vas a escribir y la estructura en la que vas a organizarlo, solo te mencionaré algunos consejos importantes que tendrás que  cumplir a lo largo del texto (tranquilo porque, los iremos explicando con más detalle en las próximas publicaciones sobre redacción):

Para los trabajos académicos o textos enfocados al mundo laboral, utiliza oraciones sencillas y cortas (si no se te exige lo contrario). De esta manera, el lector no se perderá y seguirá interesado en lo que está leyendo.
En relación con lo anterior, ¡cuidado con las comas! Las comas son necesarias, sí, pero hay que saber utilizarlas y no ponerlas porque, se nos haga más bonito el texto. Ya te explicaré sobre ellas más adelante, pero, por el momento, ni te excedas ni carezcas de ellas.
Organiza la propia estructura que has escogido en párrafos. No machaques al lector con grandes concentraciones de texto que puedan agotarle, ni tampoco des a tu discurso un aspecto de esquema.
-¡La ortografía! No presentes faltas de ortografía o todo el trabajo que has puesto en organizar y estructurar tu texto se irá por la borda. No hay nada peor que leer un texto plagado de faltas de ortografía y carente de tildes. Si un lector detecta estos errores, desconfiará y dejará de leer lo que has escrito, por muy interesante que sea.
Utiliza marcadores discursivos para que la estructura de tu texto tenga cohesión. La idea es que tu discurso no quede como las instrucciones de un tamagotchi o el prospecto de un medicamento. El texto debe fluir y marcadores como «en primer lugar, asimismo, luego, además, al final, etc», enriquecen y consiguen que el texto sea agradable a ojos del lector.

Por el momento, hemos acabado con los primeros pasos. No eran tantos ni tan difíciles, ¿verdad? Seguro que incluso ya los conocías. En las próximas entradas relacionadas con la redacción, ahondaremos más en los detalles y hablaremos sobre qué palabras tenemos que evitar y que empobrecen nuestro discurso, cuáles son los marcadores discursivos y cómo usarlos, etc. No olvides que tener una buena redacción ayuda a expresar todas las ideas que llevas dentro. Si lo haces bien, no existirá nadie que cuando te lea, no sea capaz de entenderte.

¿Quién teme al lobo? Poesía e ilustración

¿Quién teme al lobo? Aullidos de madrugada.
¿Quién teme al lobo? Noches con luna de plata.

Augurios que recuerdan historias de hombres
que juntos viajaban sin separar los pesados huesos
para evitar sin remedio el terror de sus noches.

Brillos fugaces de los destellos de Selene
de la piel iluminan el vello creciente.
Y el café de los ojos se tiñe de sangre.
Y el alma clama con rugidos de hambre.

Cuentan que no existe salvación para ellas,
almas endemoniadas, caminantes de la selva.
Dejaron las manos, convertidas ahora en pies.
Curvatura de la espalda del hombre que ya no lo es.

Sirvientes de la diosa de tez redonda y pálida,
orgullosa observa su séquito maldito.
Grita, corre, cae… Solo necesito un mordisco.

Se perdió el hombre, no regresó la mujer.
La niña y su vestido acaban de desaparecer.
¿Murieron? ¿Quién sabe? Ni su calavera apareció.
Únicamente las huellas de una bestia feroz.

¿Quién teme al lobo? Aullidos de madrugada.
¿Quién teme al lobo? Noches con luna de plata.

 

¿Quién teme al lobo? por Saclae


Ilustración: Ulric, el hombre lobo verde.

 

Creación de personajes II. El interior de tu personaje.

Hace unas semanas, comenzábamos la sección de Creación de personajes con lo más básico, esto es, definir a nuestro personaje. Si estás leyendo esta entrada y no viste la anterior, puedes ir aquí y echarle un vistazo.
Hoy, regreso para continuar con estos pequeños consejos que te ayudarán a crear y desarrollar tus propios personajes. Estoy segura de que en estas semanas te habrá dado tiempo de sobra a pensar y definir algunos o a redefinir otros. El siguiente paso supone un poco más de esfuerzo por nuestra parte, ya que vamos a adentrarnos en el mundo interior de nuestra creación para relacionarlo con la «superficie» en la que ya habíamos trabajado.

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Recordarás, que en el post o entrada anterior contestamos las preguntas sobre quién era nuestro personaje y cómo era en cuanto al plano físico, es decir, tratamos su prosopografía.  Ahora, nos toca completar el retrato de nuestra creación y para ello, tenemos que trabajar su plano psicológico. En este punto, ya deberíamos tener claro qué es lo que queremos del personaje, cómo queremos que sea y qué esperamos que le suceda para ello.

He aquí uno de esos manuales, en el que, por cierto, se ve la huella del paso del tiempo y del uso en mis años de carrera.

Existen varias obras sobre teoría literaria que puedes consultar para interiorizar conceptos o aprender nuevas técnicas con las que lograr tus objetivos. Las obras sobre esta temática son tan diversas como autores que se dedican a esta disciplina y, como ya expresamos anteriormente en la otra entrada, no están exentas de terminología que puede resultar complicada de entender para un lector no habituado al ámbito de la filología. Así pues, con una pequeña búsqueda por google, te aparecerán distintos manuales de teoría literaria en los que se te hablará de actantes (personajes), teorías de los mismos (como la teoría de los 6 actantes, por la cual se clasifica a los personajes mediante principios lingüísticos) y un largo etcétera. Considero muy importante mencionarte esto último, por si quieres adentrarte en este ámbito y te gusta la filología. Sin embargo, en este blog pretendo que las explicaciones sean más sencillas y asequibles para todos por lo que, bajo mi punto de vista personal y mi experiencia, te contaré lo que me ha funcionado, me funciona y sigue funcionándome cuando desarrollo la personalidad de un personaje. (Por supuesto, tú puedes tener tus propias ideas o utilizar los conceptos y explicaciones de diferentes autores, dependiendo de tus gustos).

En esta entrada vamos a enfocarnos en el aspecto literario, puesto que el dibujo o la ilustración funcionan de manera distinta. Un personaje ilustrado puede quedarse en el primer paso del proceso de creación, puesto que es posible que no necesite una historia detrás. No obstante, si se trata de una historia ilustrada, el dibujo debe acompañar a las letras y aquí debería tratarse el mismo proceso descrito debajo. Cómo verás, existen varias posibilidades que hay que tratar por separado, así que, por el momento, trataremos la creación del interior de nuestra «criatura» mediante la escritura.

«¿Cómo debe ser un buen personaje?» Seguro que esta pregunta te la has hecho infinidad de veces y la verdad, es que no hay una única respuesta para ella, ya que la clasificación de buen o mal personaje no es correcta y la pregunta, en sí, no esta bien formulada. Deberíamos cuestionarnos, más bien, cómo desarrollar de manera satisfactoria un personaje y qué necesitamos para ello. Por internet encontrarás muchas maneras y técnicas de hacerlo, pero créeme, existen tres apartados que, si los trabajas bien, lograrán que tu personaje esté desarrollado por completo: motivos, contexto y objetivos.

La personalidad es un término complejo que designa la manera de ser, sentir y actuar de los seres vivos. Mucho más desarrollada y compleja en los seres humanos, algunos psicólogos y filósofos creen que ya viene determinada desde nuestro nacimiento y otros piensan que vamos adquiriéndola con la edad y las experiencias que vivimos. Sea como fuere en realidad, nuestro objetivo como escritores es diseñar la personalidad de nuestros personajes y estemos de acuerdo con unas teorías u otras, el proceso debe ser siempre paulatino y constante durante la obra. Se dice que un personaje llegará más a un lector cuánto más verosímil lo sienta. Esto significa que los lectores deben sentirse identificados de una manera u otra con los personajes. No quiere decir que, por ejemplo, todos los lectores deban sentir que el personaje sanguinario y cruel de una obra es igual que ellos (hecho que sería bastante perturbador, si lo pensamos bien…), sino que en su personalidad hay detalles que le recuerdan a personas que han conocido, visto en la televisión, internet o de las cuales conocen su historia. Es decir, que nuestro personaje debe actuar empujado por una serie de razones o motivos que le hagan ser visto como una criatura viva y por los cuales, el lector sienta que es el propio personaje el que decide cómo, por qué y cuándo actuar y no su creador.
Así pues, siempre existen unos motivos por los cuáles se dan diferentes tipos de personalidades. El crear un personaje heróico que es bondadoso de nacimiento está muy bien, sin embargo, hacer creer al lector que es bueno «porque sí» resulta un error garrafal, ya que se nos hace poco creíble si no tenemos unas razones o unos motivos de por medio y no nos permitirá identificarnos y vivir con él su historia. Todos contamos en nuestras vidas con unas razones por las cuales tenemos distintas personalidades. Esta idea es la que debemos llevar a nuestros escritos y presentarla siempre que podamos con cada uno de nuestros personajes, sobre todo los principales. ¿Has creado un adulto muy inocente? ¿Tal vez un ogro deprimido? ¿Un rey cruel? No hace falta que te extiendas en largas descripciones si ese no es tu estilo, pero nunca te olvides de dar las pinceladas necesarias para que tus lectores puedan entender por qué esos personajes son así.

Después de los motivos, el contexto es fundamental para dar a conocer aún más a tus creaciones. Estarás de acuerdo conmigo en que, no tendrá la misma personalidad un adolescente que ha nacido en una familia adinerada y ha vivido «entre algodones», que un adolscente nacido en un barrio marginal, sin ingresos ni posibilidades de estudiar. El contexto, es decir, el ambiente y el tiempo en el que se viven, así como la sociedad en la que se encuentren, perfilarán o acentuarán más ciertas características de la personalidad de tu personaje. Por ejemplo, en el primer caso, tu adolescente puede ser más inocente que el segundo, cuya picardía es un requisito necesario para sobrellevar la vida en ese barrio. Las posibilidades son infinitas, así que no temas jugar con ella.
Además, otro dato que tienes que tener en cuenta y que, realmente, es muy importante, es el tiempo en el que se desarrolle la historia y la sociedad en la que vive tu personaje (de ambas dimensiones hablaremos en otra entrada con más detalle). No importa si es una época inventada con una sociedad también inventada, debes trabajar en los detalles para que tu personaje actúe de manera coherente y a razón de este contexto.

Por último, tienes que tener claros cuáles son los objetivos que moverán a tu personaje en el devenir de la historia. Alguien que no tiene objetivos en la vida, es una criatura estancada. Puedes dejar que esto ocurra en personajes que no van a tener mucha importancia en tu obra, pero es necesario que los personajes principales tengan objetivos bien definidos. No importa si al comienzo de la historia esto no ocurre, con el paso de la misma, deberán ir apareciendo. Ten en cuenta, además, que los objetivos también nacen de los motivos de la personalidad de tu personaje y de su contexto. Al final, se trata de tener bien claros estos conceptos y entrelazarlos para crear una personalidad estructurada, bien definida y desarrollada, capaz de lograr que los lectores la sientan como verdadera y que, por ello, se sientan identificados, aprobando o desaprobando las acciones del personaje.

Recuerda, un personaje que no provoca ninguna emoción en el lector, es un fracaso (a no ser que sea uno secundario, aunque hay obras que contienen grandes personajes de esta categoría). Crear un personaje exitoso pasa por combinar de manera adecuada, una buena estructura y un buen desarrollo. Si todas las piezas en el proceso de construcción de tu «criatura» encajan perfectamente, tendrás garantizado el éxito. Con estos métodos, no puedo garantizarte que tu obra sea un bestseller, pero sí que tus humildes lectores recuerden, amen y odien a tus personajes.

 

En constante evolución…

Es tarde y unos cuantos destellos de tormenta se asoman en el cielo esta noche, pero no importa, el trabajo esta terminado. En este caso, una ilustración.

Todo en esta vida evoluciona o, si lo prefieres, se transforma. Nuestras relaciones, nuestras habilidades, nosotros… Todo cambia con el tiempo. Si algo he aprendido en estos años que llevo ilustrando de manera digital es que, con esfuerzo y dedicación, todo se consigue. ¿Y qué queréis que os diga? Mi tableta digital sigue siendo la misma de cuando empecé… La pobre ya tiene muchos trazos a sus espaldas, pero eso no es impedimento para que siga cumpliendo con creces con su trabajo. No es el material, es la mano que lo usa la que debe volverse maestra.
Así que sí, sigue intentándolo, sigue dibujando, escribiendo, trabajando en lo que te guste, esforzándote en tu trabajo o en tus estudios. La recompensa llega de la mano del aprendizaje. Poco a poco, sin prisas y con firmeza… Lo importante es estar siempre en constante evolución.

Dejo esta pequeña reflexión y me despido con dos versiones del mismo personaje con la satisfacción del trabajo bien hecho. Sobra decir cuál es la más antigua y cuál la más actual 😛  ¡Pronto más y mejor!

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